Posteado por: sandrandrea | junio 2, 2010

MODA 1920-1930

Nada combina tanto con los deseos de diversión femenina como un look de vampiresa. Las mujeres fatales de boca roja, cabellos muy cortos y ojos pintados con sombras oscuras, bailaron charlestón y jazz hasta el amanecer.

La silueta de la mujer se hace completamente lisa por la parte superior, de forma que el look unisex o andrógino se generaliza. Se consigue no marcar pecho ni cintura, por medio de los corsés alisadores, imagen de barril. Se elimina la falda larga de la década anterior y la sobrefalda que se lleva sola, pierde su vuelo. Look garçon, pelo corto a lo chico, axilas y piernas afeitadas. Chanel impone las prendas unisex como el jersey. Se llevan vestidos enteros con flecos y bolsitos pequeños. Las prendas se acortan por encima del tobillo, y la década acaba con el corte de pelon “ETON”.
Destacan: Elsa Schiaparelli, Madelaine Vionnet, Coco Chanel.

Después de la guerra, los hombres escaseaban y había una competencia feroz; por ello se pusieron de moda las mujeres descaradas y con una imagen tan cuidada que parecía que se pasaban todo el día frente al espejo.

Por primera vez en la historia de la moda los vestidos de día eran tan cortos como los de noche. Debajo se llevaba la prenda más usada era una combinación de algodón color crema compuesta por un corsé y un sujetador para disimular los pechos, con tirantes ajustables, parte delantera bordada, partes laterales y traseras elásticas, cierre lateral con corchetes y cuatro portaligas ajustables. Todo esto estaba confeccionado con un nuevo material: el rayón, ligero, barato, y fácil de lavar. La contribución a la emancipación de la mujer que supuso librarse de indumentarias de varios kilos de peso es enorme.

La imagen de la década fue el pelo a lo chico, y las que no querían desprenderse de su melena no podían considerarse chicas modernas. La imagen se completaba con ojos con gruesas rayas negras, boquita de piñón de un rojo intenso, y cejas cuidadosamente depiladas. Maquillarse o darse polvos en público se consideraba inapropiado y, en consecuencia extremadamente elegante. El maquillaje debía ser muy recargado, no importaba que resultara artificial.

Los aparatosos sombreros de la belle époque quedaron definitivamente desterrados de los armarios, ahora eran tan minimalistas y elegantes como la silueta y los vestidos.

Los zapatos estaban pidiendo a gritos pasarse la noche bailando, por lo que estaban diseñados para que no resbalase el pie fácilmente. El calzado sujeto al tobillo con una tira constituía la esencia de los dorados años veinte, la década de las fiestas desenfrenadas y los maratones de baile.


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